martes, 21 de septiembre de 2010

No es la Población - Texto BL

Muchos auguran un oscuro futuro para la humanidad en el caso que los discursos hegemónicos continúen prevaleciendo.

Mientras la visión hegemónica de la política, la economía, los medios de comunicación y los líderes de opinión ve en el crecimiento económico indefinido la llave para la prosperidad humana, la erradicación de la pobreza, el desarrollo de nuestra sociedad y la felicidad de nuestros individuos, sus opositores encuentran justamente en el discurso desarrollista el meollo del mayor problema que hoy enfrenta la humanidad: La destrucción generalizada -por nosotros mismos- de los servicios ambientales y del capital natural, de los que dependemos para subsistir…. Lo que significa por supuesto la frustración de cualquier intento de prosperidad, de superación de la pobreza, de desarrollarnos, y de ser felices.


Si los “pesimistas” tienen la razón –en cuanto que estamos destruyendo el hábitat en que vivimos-, vendría a ser un duro golpe para los “optimistas”, pues una cosa es clara: no es posible alcanzar la prosperidad en un mundo muerto.

¿Y la tienen? En los últimos años, evidencia abrumadora se ha ido acumulando a los más altos niveles académicos e internacionales sentenciando justamente aquello: Que estamos destruyendo el hábitat del que dependemos para subsistir.

·        Según la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CLD), “el 70% de los 5.200 millones de hectáreas de tierras secas que se utilizan con fines agrícolas en todo el mundo ya están degradadas[1].
·        Según la World Wide Fund (WWF), se talan más de 13 millones de hectáreas de bosques cada año[2] -más de 8.600 veces la superficie de la RM-, lo que ha llevado a que ya se haya talado el 40% de todos los bosques del planeta[3].
·        Según la Convención de las Naciones Unidas sobre la Biodiversidad Biológica, en su “GBO-3”, cerca de 1/3 de las especies vertebradas del planeta fueron extintas en los 36 años entre 1970 y 2006[4].
·        Y según la Universidad de Uppsala, Suecia en un análisis sobre el “World Energy Outlook 2008” (WEO 08) de la International Energy Agency (IEA), hacia el 2030 la demanda de petróleo excedería la oferta en 35 millones de barriles diarios –más del 40% del consumo actual-[5].

Para culminar, el 2009 en la 15va Conferencia de las Partes (COP 15) de las Naciones Unidas sobre el Clima, se llegó al consenso de parte de todos los gobiernos miembros de la ONU –cristalizado en el llamado “Entendimiento de Copenhague” -, que un aumento de más de dos grados Celsius traería peligrosas alteraciones antropogénicas al sistema climático[6], poniendo de relieve que el calentamiento global es uno de los más grandes desafíos de nuestro tiempo[7]. Hoy, ya vamos en un calentamiento de 0,7ºC[8], y se estima que para lograr la meta establecida en esta conferencia, las emisiones deben llegar a su máximo el 2015[9].

Pero más allá de la abrumadora evidencia que nos señala que los pesimistas parecieran tener la razón, es la poderosa simpleza del sentido común la que nos lleva a darnos cuenta que hay algo estructuralmente errado de nuestro sistema social, y de nuestro sistema económico.

Y es que sólo plantear el crecimiento indefinido en un planeta finito, son palabras de un loco – ¿o de un economista?-. No se puede mantener un crecimiento porcentual –o exponencial- por mucho tiempo, pues a medida que nuestra civilización crece, y por tanto crecen cada vez más rápido nuestras ciudades, autos, población, sueldos…, el sistema base que nos sustenta –la biosfera- se mantiene constante, pues los ecosistemas no crecen, y la Tierra tampoco: como todos sabemos, es redonda. Así se revela el costo de oportunidad fundamental del crecimiento económico, que es a lo que necesariamente renunciamos por él: al expandirse, la economía aplasta la naturaleza.

Para representar la locura delirante de este planteamiento hegemónico que aún se mantiene con fuerza, nacen dos herramientas contables muy simples: La Biocapacidad (BC) y la Huella Ecológica (HE).

La primera recoge la capacidad regenerativa de nuestro Planeta, tanto de regenerar recursos como de regenerarse frente a la contaminación (BC), mientras que la segunda considera todos los recursos que nosotros consumimos, y la contaminación que generamos (HE). Así, se comportan respectivamente como una especie de Oferta Ecológica de la Tierra (BC), y una Demanda Ecológica de la Humanidad (HE).

Lo interesante de esto, es que muchos y vastos estudios se han hecho para llegar a la real BC del planeta y HE de la Humanidad[10], y los resultados de ellos han sido más que reveladores.

Hoy, la HE excede la BC en alrededor de un 30%[11], y es justamente a medida que se ha generado e incrementado este déficit ecológico (DE), que “se han corroído los ecosistemas de la Tierra, y se ha acumulado basura en nuestra tierra, agua y aire. La resultante deforestación, escasez de agua, pérdida de biodiversidad, y cambio climático están poniendo el bienestar y desarrollo de todas las naciones en creciente riesgo[12]”.

Pero lo grave no viene de saber que hoy la Humanidad consume en un año lo que la Tierra demora en regenerar en un año y cinco meses[13], sino la rapidez del cambio –propio del crecimiento porcentual- al constatar que hacia apenas el año 1985 la BC era igual a la HE, y que si seguimos como vamos, hacia el 2035 necesitaremos dos planetas Tierras para mantenernos, mientras como sabrán, sólo tenemos uno[14].



¿Y por qué aumenta tanto la HE? Por dos fenómenos: el aumento de la HE per cápita y el aumento de la población[15]. Es decir, el aumento del consumo y generación de contaminación por cada individuo, y el aumento de la cantidad de individuos que consumen recursos y generan contaminación.  

Se escucha recurrentemente que el segundo motivo -la superpoblación- es el gran problema que está ocasionando la crisis ecológica, creencia que se sustenta en que hoy, cada año, la población mundial aumenta en más de 75 millones de habitantes[16], y lógicamente estas personas necesitan comida, vivienda y abrigo para sobrevivir. No obstante la aparente lógica de esta creencia, no es más que eso: una creencia – o un mito-que no soporta un análisis más profundo de la evidencia.

El déficit ecológico (DE) de 30% que arrastra nuestra humanidad no se debe a un exceso homogéneo de la HE sobre la BC entre los países. La enorme disparidad en el déficit por país[17] nos muestra que la responsabilidad del déficit global no es pareja para todos, y como corolario de esto que la reducción de la población no es necesariamente la solución a la crisis ecológica. O al menos, no la reducción de cualquier población.

Quizás si fuésemos muchos menos, pero viviéramos todos con una HE per cápita altísima, el DE continuaría, o quizás podríamos ser muchos, pero todos con una HE per cápita baja y así no habría DE. En tales casos, estaríamos seguros que la superpoblación no es el problema de fondo. Como asumirán, esta es la situación del mundo hoy.

Para argumentar con datos lo anterior, basándose en el Living Planet Report 2008 de la WWF, que considera la HE per cápita de casi todos los países del mundo, se puede hacer un simple estudio para analizar cuatro situaciones hipotéticas y reveladoras[18]:

1)   Si para superar la superpoblación y acabar con el DE reducimos en un tercio la población mundial (reducción de 33,33%), pero lo hacemos exclusivamente en aquellos países con menor HE per cápita, llegamos a que la HE de la humanidad apenas se reduciría en un 9,79% y que el DE se mantendría aún, reduciéndose de un 28,6% a un 15,98%.

2)   Si hacemos lo mismo (reducción de 33,33%), pero tomando la población de aquellos países con mayor HE per cápita, llegamos a que la HE de la humanidad se reduciría en un 54,69%, y que el déficit ecológico de 28,6% se convertiría en una superávit ecológico de 41,74%.

3)   Si buscamos llegar a un equilibrio ecológico (BC=HE) reduciendo la población, sería necesario hacerlo en un 52,15%, o eliminar a las 3.377.257.100 personas provenientes de los países con menor HE per cápita para lograrlo.

4)   Si buscamos hacer lo mismo, pero reduciendo a la población de los países con mayor HE per cápita, sería necesario eliminar a “apenas” 464.915.000 personas, o el equivalente a un “mero” 7,18% de la población mundial.

Ahora, no planteo que sea necesario matar a toda esa gente –casi 500 millones de seres humanos- para llegar al equilibrio ecológico, y por supuesto menos aún que debemos eliminar a los más de 3.400 millones con menor HE per cápita. Esto es un ejercicio teórico que sirve para matar mitos.

A quien diga que el problema del DE tiene que ver con la cantidad de seres humanos que hoy existen, se le puede responder robustamente que podríamos vivir en un mundo con más de 6.000 millones de humanos, sin DE, y que por el contrario, podríamos vivir en un mundo con menos de 4.500 millones de personas, un tercio menos que la población actual, y aún conservaríamos un DE cercano al 16%.

Sin ser ninguna originalidad, esta postura es compartida por diversas centros de investigación, como el International Institute for Environment and Development, que muestra que con respecto al cambio climático en particular la población tiene escaso protagonismo: mientras el África subsahariana –entre 1980 y 2005- representó el 18,5% del crecimiento de la población mundial, sólo tuvo un 2,4% del crecimiento de las emisiones de dióxido de carbono. En cambio, Estados Unidos con un 3,4% del crecimiento de la población, tuvo un 12,6% del crecimiento de las emisiones de Co2[19].

Si con propiedad podemos plantear que hoy[20] el problema del DE no es la cantidad de población, el exceso de HE se debe innegablemente a la magnitud de la HE per cápita de algunos países…

Y entonces llegamos a dos fibras realmente sensibles para los “optimistas”:

Una es que aquellos países que tienen mayor HE per cápita y por ende son el nudo crítico del problema son principalmente los países llamados “desarrollados”, a los que el resto del mundo intenta emular. Y por ello son aquellas naciones que dominan en el concierto internacional, en las relaciones geopolíticas, en las influencias de dominación, y por ende son los que tienen la voz cantante sobre el discurso oficial, sobre qué es el progreso, y por ende qué deben hacer los países “pobres” para ser como ellos, para así ser “ricos”, “desarrollados” y “prósperos”.

Pero hay dos detalles que siempre se les parece olvidar: para ser como ellos, los países deben tener una HE per cápita que hace inviable la continuidad de la especie- la HE de la OCDE es más de un 200% su BC[21]-, además de que pareciera que deben pasar por una fase de dominación de carácter imperial para lograrlo -de los 38 países que constituyen el tercio de la humanidad con menor HE per cápita, todos fueron colonia en la época del imperialismo Europeo[22], mientras que los países que encabezan la lista del tercio de la humanidad con mayor HE per cápita, son justamente los imperios del siglo XVIII, XIX y XX[23]-.

La segunda fibra sensible, es que hoy se plantea hegemónicamente – y sin mucha oposición de peso- que el crecimiento económico es el barómetro del progreso social y en especial el aumento del PIB per cápita, pues con él aumenta el consumo y es con el consumo que los individuos logran salir de la miseria y alcanzar la “felicidad”. El problema es que justamente el aumento del consumo de cosas es lo que genera el aumento de la HE per cápita, y dado que es la magnitud de la HE per cápita el problema de fondo, pareciera que con esto llegamos a un callejón sin salida…

Si no somos capaces de pensar de otra forma.

¿Qué pasa si realmente el consumo de cosas no es lo que le da a la gente la felicidad, y por ende no puede ser el crecimiento económico un buen barómetro del progreso social?

Entonces la problemática ambiental deja de ser un límite que nos supone un sacrificio doloroso –entre la felicidad humana del presente, y la salud ecosistémica y por ende la felicidad humana del futuro-, y comienza a ser una crisis que nos fuerza a la introspección, a poner en juicio las premisas morales que nos han sido socializadas inconscientemente; a buscar otro objetivos y por ello otros modelos. Comienza a fin de cuentas, a ser una interesantísima oportunidad de cambios y búsquedas bajo nuevos paradigmas.


[1] Convención para la Lucha contra la Desertificación, CLD. Ver http://www.serna.gob.hn/convenios%20cooperacion%20externa/desertifi.pdf.
[4] Convention on Biological Diversity, Third Global Biodiversity Outlook, 2010.
[5] Universidad de Uppsala, The Peak of the Oil Age - analyzing the world oil production Reference Scenario in World Energy Outlook 2008, 2009, Ver http://dx.doi.org/10.1016/j.enpol.2009.11.021
[6] A pesar de lo controversial que fue el proceso de este documento, este consenso fue lo mas claro y positivo que resultó de la COP 15.
[7] UNFCC, Copenhaguen Accord, 2009.
[8] IPCC, 4th assesment report, 2007.
[9] Martin Khor, Global Trends, 2007, basado en 3er informe del IPCC.
[10] Para ver conjunto de estudios, ver bibliografía de WWF, Living Planet Report 2008, pg. 44.
[11] WWF, Living Planet Report 2008.
[12]“…ecosystems are being run down and waste is accumulating in the air, land and water. The resulting deforestation, water shortages, declining biodiversity and climate change are putting the well-being and development of all nations at increasing risk”. WWF, Idem. Introduction
[14] WWF, Idem. Global Footprint Network, Idem.
[15] WWF, Idem.
[16] Banco Mundial, World Development Indicators database, 2010.
[17] Ver WWF, Idem.
[18] Estudio basado en WWF, Idem. Para ver los detalles del estudio, revisar anexo 1.

[19] Guzman, J.M., G. Martine, G. McGranahan, D. Schensul and C. Tacoli (Eds) (2009). Population dynamics and climate change. IIED, London and UNFPA, New York.

[20] Es evidente que en el futuro la superpoblación llegará a ser un problema de mantenerse su ritmo de crecimiento actual, pues se estima que de ser así hacia el 2.600 se habrá multiplicado 100.000 veces, dejándonos un espacio de 3 cm2 por persona para vivir. Ver Isaac Asimov, Introducción a la Ciencia, Basic Books, 1973.
[21] Wackernagel y Loh, 2001
[22] Entre ellos: Congo, Haiti, Malawi, Afghanistan, Congo -Dem. Rep.-, Bangladesh, Swaziland, Tajikistan, Sierra Leona, Togo, Burundi, Rwanda, Zambia, Nepal, Pakistan, Guinea-Bissau, Liberia, Camboya, Angola, Côte d`Ivoire, Mozambique, Yemen, Indonesia, India, Bhutan y Benin.
[23] Entre ellos: EE.UU, España, Francia, Portugal, Alemania, Italia, Inglaterra, Bélgica, Rusia, Japón, Dinamarca.

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