Existe un concepto muy importante hoy en dia, llamado Huella Ecológica, que se refiere a la cantidad de recursos que consume, y contaminación que produce una población cualquiera.
Y existe otro concepto complementario que es la Biocapacidad, que es la capacidad que tiene cierto territorio para brindar recursos y absorber contaminación.
Así, el conjunto de la humanidad posee una huella ecológica, y el conjunto del planeta Tierra una biocapacidad determinada.
Al contrastar ambas magnitudes, se puede evaluar si es que la humanidad esta exigiendo más recursos y emitiendo más contaminación de lo que la Tierra puede soportar sin ser afectada. Un exceso de huella ecológica sobre biocapacidad significa en términos conocidos “dejar de vivir de la renta que producen los ahorros, y comenzar a usar los ahorros mismos que generan cierta renta”. Lógicamente, así la renta y los ahorros van disminuyendo progresivamente.
Dicho y hecho, un análisis dinámico nos muestra que, a pesar de la destrucción ecosistémica, en los últimos 33 años la biocapacidad de la Tierra se ha mantenido constante, gracias al aumento de la productividad. Y así, mientras se deterioran los ecosistemas desde un índice de 1 para 1970, hasta 0,7 para el 2003, la huella ecológica –en el mismo período- ha ido aumentando progresivamente desde 0,5 en términos de dicho índice, hasta 1,2.
Así, lo importante de ambos conceptos es que permiten reconocer que hoy estamos sobregirados, viviendo de nuestros “ahorros”. Hoy, la huella ecológica excede en un 30% a la biocapacidad, y de seguir como vamos, en apenas 25 años la primera será un 100% superior a la segunda…[1]
¿Cuales son las correlaciones concretas de esta abstracción? Un 40% de los árboles primarios han sido talados[2], un 30% de las especies vertebradas han sido extintas[3], 70% de las tierras arables han sido desertificadas[4], existen mantos de basura tan amplios como continentes en el mar[5] y tan grandes como montañas en la tierra firme…
A fin de cuentas, el significado de una huella ecológica humana tan superior a la biocapacidad de nuestro planeta es una biosfera saturada por la contaminación, incapaz de seguirle el ritmo a nuestro sistema económico febril. Es la decadencia generalizada de los ecosistemas de la Tierra. Es la alteración abrupta de los equilibrios que permiten el desarrollo de la vida en este planeta, incluida por supuesto, la vida humana.
Hace 40 años se reconoció que habíamos traspasado la capacidad de carga que tenía nuestra biosfera para soportarnos, y aún seguimos como si nada pasara. Hace 40 años que se dijo claro y fuerte que si seguíamos como íbamos destruiríamos el hábitat en el que vivimos… pero indolentes seguimos tal cual íbamos, incluso agudizando nuestras facetas más nocivas.
Así, vivimos este 2010 aquejado por la deforestación y la desertificación, amenazado por el cenit del petróleo y la escasez del agua, y sobre todo, urgido por la devastación potencial del cambio climático. Vivimos un 2010 llamado a ser un punto de quiebre de las tendencias del pasado, para detener la destrucción de la biosfera, para detener la explotación sobre el humano, fenómenos que bajo una comprensión mas profunda, son caras de una misma moneda.
Sin ser ingenuo, sabemos que esto no pasará. Que el llamado del 2010 no se cumplirá, y que seguiremos destruyendo la base sobre la cual se yergue nuestra especie, a la vez que seguiremos explotando a nuestros pares. Nada cambiará… o quizás pueda que un poco cambie.
¿De qué depende? Depende de ti.
Esfuérzate en disminuir tu huella ecológica personal. Toma conciencia de ella y haz algo al respecto: Deja de comer carne, apaga la luz, deja el auto, compra menos, rechaza las bolsas plásticas en el supermercado, deja de comprar botellas de bebidas desechables, dúchate menos rato… o al menos reduce el consumo de todo lo anterior. Reduce tu consumo, Reutiliza lo que consumas, y por último, sólo al final, Recicla. Ésta debe ser la máxima que practiquemos.
Sol(a) no harás la gran revolución, obvio, pero una vez que comiences, no sabes los efectos sinérgicos que generaras en tus cercanos, familia y amigos. No sabes cómo esta conciencia y esta actitud de responsabilidad y consistencia se esparcirá entre las gentes conscientes, porque ya está en el ambiente, ya es parte de la conciencia colectiva –siempre adelantada a las élites del presente-.
Pero no te detengas ahí, porque la acción individual, aunque necesaria, no es suficiente. Ésta es la consistencia interna primaria que se requiere para el segundo paso, para el paso comunitario o político.
Si te animas a entrar allí, toma riendas del destino comunitario, porque o sino va encaminado al precipicio. Exige energía limpia, una reducción de la contaminación, más ciclovías, menos calles, mas parques, agricultura local, impuestos a los que contaminan, topes a la concentración del poder –tanto económico, mediático como cualquier otro-, fuentes de agua potable limpia y segura, un decrecimiento económico en las actividades suntuarias e innecesarias, y un crecimiento de aquellas realmente críticas: transporte colectivo, salud pública, educación avocada al desarrollo personal y al bienestar general, energías renovables de bajo impacto socio-ambiental. Y la lista continúa.
La necesidad de reducir nuestra huella ecológica es urgente, y la tarea se comienza en el día a día. Por casa. Anímate.
Benjamín Leiva - 25 de abril de 2010
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